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Análisis

Garitano mostró tablas, concedió poco pero no traspasó la línea de mostrarse frío

Olabe, Aperribay y Garitano, en la presentador del técnico./LOBO ALTUNA
Olabe, Aperribay y Garitano, en la presentador del técnico. / LOBO ALTUNA
Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Serio, con el brillo en la piel que da un buen trabajo al aire libre, Asier Garitano apareció en Zubieta con chaqueta negra y camisa gris. No llevaba reloj de futbolista millonario. Mostró tablas, concedió poco pero no traspasó la línea de mostrarse frío. Le preguntaron si se consideraba un entrenador normal. «¿Eso es bueno?», replicó. El periodista opinó que sí. Y Garitano coincidió. La Real, por tanto, tiene un entrenador normal, sea lo que sea eso.

En plena refriega para que definiera su estilo, sin que el míster ofreciera un flanco vulnerable a esa cuestión, dijo que no se trata de lo que se hacía en la Real antes, sino de ver qué podemos hacer en el futuro. Fue una frase kennedyana. La versión blanquiazul del «no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país» que JFK pronunció desde la escalera del Capitolio en su investidura, el 20 enero 1961, día de San Sebastián.

Habló más Garitano, y entre la marea de palabras (45 minutos de presentación) coló otra idea. Intentaré rodearme de los mejores, una señal de inteligencia. Lo aderezó con un único punto de vanidad, cuando dijo que no cree en las casualidades y que tenía pensado desde hace tiempo entrenar a la Real. No chirrió. Sonó a ambición. Hace poco, en este periódico le preguntaron a Antonio López, ¿Humildad o disciplina?. ¿Qué es más necesario para un pintor? «La humildad no aporta nada, ni a la pintura ni a nadie. No hay que ser humilde». Eso.

Garitano dijo que no cree en el estilo pero sí en otras cosas. Conoce la cultura y los valores de la Real. Las modas pasan y en el fútbol, rápido. Se le vio seguro, tranquilo y atento. Despierto. No quiso prometer trabajo. Eso lo dicen todos, desdeñó. Dijo que lo suyo será intentar jugar bien, que es de lo que se trata.

Habló en un castellano con ese ligero acento de quien lleva un tiempo fuera de casa y en un seguro euskera vizcaíno, el de su casa, su pueblo y el valle del Deba. Se levantó y tenía más autoridad que tres cuartos de hora antes.

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