Ya no alcanza para bailar en el ritz

IÑAKI IZQUIERDO

La Real se ha despertado de golpe de un sueño. Su bonanza económica, su músculo financiero, quizá ya no sea para tanto. La aprobación triunfante del mayor presupuesto de la historia año tras año parecía haber sentado al club en la mesa de los ricos de la Liga, pero, de forma casi imperceptible, el escenario ha cambiado y la Real ya no tiene ese escudo frente a los clubes del segundo nivel económico del campeonato que tan bien le ha protegido en los últimos años. El Athletic ha fichado a Iñigo Martínez. Eso significa que la Real es vulnerable también a Valencia y Sevilla. Quizá también al Villarreal. No es el único club que ha visto aumentar de forma exponencial sus ingresos, sobre todo por televisión.

Casi sin darse cuenta, la Real ha perdido a dos de sus cinco mejores jugadores este mes, Carlos Vela e Iñigo Martínez. Un golpe capaz de hacer tambalearse a cualquier estructura que sin embargo parece haberse vivido sin gran dramatismo puertas adentro. Esa misma visión algo superficial, ligera, que Eusebio tiene del juego parece tenerla también de la composición la plantilla. La aristocracia del vestuario queda reducida ahora a Asier Illarramendi -indiscutible, sólido y jugando como un mariscal- Gero Rulli -desautorizado- y Mikel Oyarzabal -que ya fue tocado por el Athletic-. Tras ellos, Willian José necesitará dar un paso adelante y Prieto y Agirretxe, levantar la bandera.

La marcha de Iñigo Martínez debe ser entendida no solo como un ataque del eterno rival, previsible por otra parte. Conviene tomársela como un aviso. Los futbolistas profesionales tienen un olfato infalible para detectar la realidad auténtica de su equipo. Lo mismo que todos acuden en fila al despacho del presidente para renovar cuando ven opciones de éxito, hay que saber interpretar las señales cuando empiezan a marcharse. Decía Martín Lasarte que «el jugador quiere dos cosas de su entrenador: que le dé títulos y dinero». Si ve que eso no es posible (donde dice títulos entiéndase éxitos), busca la salida.

Al club, embarcado en su gran proyecto estratégico a 50 años vista (Anoeta) se le ha venido encima una amenaza seria. En las oficinas se intuía y, aunque en este caso no había forma de evitar la marcha de Iñigo, ahora le toca gestionar ese problema, del que el fichaje de ayer puede que solo sea la punta del iceberg. El Consejo tiene la ventaja de disponer de una legitimidad del 98% de las acciones que respaldan su acción de gobierno, con lo que cuenta con gran libertad de maniobra para diseñar su estrategia a medio plazo.

Porque las reglas del juego han cambiado. Ya no se puede negar que han subido los precios. Parecía que los derechos de televisión eran un maná caído del cielo directamente a la caja fuerte de los clubes, para su único disfrute, pero los jugadores no son ciegos y ven que cada vez hay más dinero. Y piden su parte. Se ha creado, casi sin querer desde el fichaje de Neymar por el PSG en verano, una súper inflación, que va cayendo en cascada y acaba llegando a todos. Ahora, a la Real. Lo que era mucho hace seis meses, ahora es poco. Ya no alcanza para bailar en el Ritz.

Además de un motivo de enfado para el aficionado, todo eso es la marcha de Iñigo Martínez.

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