Real Sociedad

A la altura de lo que significa un derbi

Más de medio millar de realistas apoyan sin tregua a su equipo en una jornada en la que la lluvia y el frío deslucieron el ambiente previo

AXEL GUERRA

El derbi en Bilbao siempre comienza en la calle Licenciado Poza mucho antes de que el balón eche a rodar en San Mamés. Es el lugar donde las aficiones comparten entre cánticos y buen ambiente las horas previas al partido. También el momento en el que los seguidores realistas se presentan en la capital vizcaína luciendo sus colores, su orgullo y su ambición ante los hinchas locales.

La ausencia de las peñas -que no viajaron en señal de protesta porque el Athletic no se adhirió al acuerdo de los clubes vascos de poner las entradas de los derbis a un mismo precio- hizo que muchos realistas llegaran poco a poco, de forma escalonada y en pequeños grupos porque viajaron en sus vehículos particulares y algunos en autobús.

Los primeros txuri-urdin en hacerse sentir fueron los que se desplazaron en los autocares fletados por la agencia oficial de viajes del club guipuzcoano. Bufandas al aire y gritos de «¡¡¡Real, Real, Real!!!» que no encontraron respuesta. «La hora del partido es extraña y el tiempo tampoco ayuda», se excusaba Rubén, el camarero del bar Zelai, en el que los hermanos de Ormaiztegi Eneko y Unai Galarraga reponían fuerzas. «Hemos venido a por la victoria, si no nos quedaríamos en casa. Estuvimos hace dos años y ganamos con gol de Jonathas. El pasado no nos animamos y mira lo que pasó».

La incómoda lluvia hizo que muchos se resguardaran en el interior de los establecimientos. Ahí fue donde los realistas comenzaron a encontrarse con los primeros aficionados zurigorris, como José Antonio Marañón, que vive en Arrigorriaga y ejerció de anfitrión con los hondarribiarras Aritz y Julián Altuna, Eneko Arbelaitz y Aitor Emazabel, además del donostiarra Arturo Blanco. Los dos últimos son sus yernos y apostaban por una victoria clara de la Real, pero Marañón tiraba de experiencia para augurar un partido «con poco juego. Los derbis suelen ser igualados».

En la puerta del céntrico hotel en el que se alojó la Real estaban los errenteriarras Asier Pérez, Diego Vega y David Otxotorena. El primero tenía entrada pero los otros dos, no. «Las únicas localidades que quedan en taquilla son a 80 euros y están separadas, así que si al club no le sobra ninguna de última hora, veremos el partido por Pozas, que también habrá buen ambiente».

Se les escuchó

Durante el partido, siempre que los aficionados del Athletic animaban a su equipo, los realistas respondían. Los txuri-urdin sacaron sus bufandas -y gargantas- para alentar a los suyos. Y viceversa. Cuando los guipuzcoanos arrancaban, tenían rápida réplica del resto del estadio.

Sin duda, los txuri-urdin estuvieron a la altura a pesar de ser minoría. Fue un derbi deportivo en el que se vio la esencia de este deporte. En cuanto acabó el partido, los athleticzales abandonaron el campo y los txuri-urdin junto a ellos. Todos en buena sintonía. Una vez más las aficiones de la Real y el Athletic fueron el ejemplo de cómo hay que vivir un derbi. Confraternización y buen ambiente antes y después del partido y máxima rivalidad, aunque respetuosa, durante el choque.

Ahora toca esperar al derbi de Anoeta. ¿Lo único que tiene que variar? El resultado. Pero que nunca cambie el espíritu con el que los aficionados de uno y otro equipo viven el derbi.

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