Real Sociedad

Que se preparen en Salzburgo

Los más jóvenes acompañaron a los equipos a su salida al campo, perfectamente equipados con la ropa de la Europa League. / ARIZMENDI
Los más jóvenes acompañaron a los equipos a su salida al campo, perfectamente equipados con la ropa de la Europa League. / ARIZMENDI

La Real Sociedad se apoyará en los cerca de dos mil seguidores blanquiazules que viajarán la próxima semana a Austria

A. VICENTE SAN SEBASTIÁN.

En Salzburgo seguro que no saben cómo se las gastan la Real Sociedad y su afición. La eliminatoria se ha puesto cuesta arriba, pero dos mil aficionados en las gradas, como va a tener la Real en el Red Bull Arena la próxima semana, son capaces de poner la ciudad patas arriba y por supuesto dar la vuelta al resultado de ayer. Que pregunten en Lyon, en Manchester y en las antípodas. La Real Sociedad no ha dicho su última palabra. Ha salido ganador de peores plazas y en esta ocasión no va a ser menos porque es uno de los grandes. Ningún otro en LaLiga ha movilizado esta temporada a tantos aficionados. Llegarán por tierra, mar y aire para empujar a los suyos, para trasladarles que están con ellos y que quieren seguir soñando en Europa.

Doy por hecho que todos los que viajen a Salzburgo entienden como ayer que la empresa no es sencilla. La afición de la Real Sociedad silbará al rival, aclamará a los suyos. Abucheará al Salzburgo y se romperá las manos cada vez que la Real ofrezca algo, aunque fuera una miseria, como ayer.

No sé qué peñas viajarán a Austria, pero sí sé que todo será más fácil si 'Bultzada txuri-urdinak' lleva la voz cantante como anoche, situados sus integrantes en la zona más alta de la tribuna principal este. Con ellos en la grada, el equipo nunca estará solo. Salzburgo será de ellos.

'Bultzada txuri-urdinak' siempre empujó al equipo y contagió al resto de Anoeta

A la ciudad de Mozart llegarán los aficionados de la Real Sociedad con tiempo para calentar sus gargantas y no como ayer, a la carrera. Más de uno no pudo ver el cabezazo de Héctor Moreno en los primeros segundos que se fue rozando el poste porque le había cogido saliendo del trabajo. Es lo que tiene jugar a la hora de la cena en Europa, pero a la hora de la merienda en nuestro territorio, cuando todavía los comercios siguen con la persiana levantada y muchos siguen pegados a su escritorio. Al descanso todavía seguían llegando aficionados al estadio. En Salzburgo será distinto. La ciudad retumbará desde días antes, recibirá a sus jugadores y los llevará en volandas.

Buen humor entre aficiones

La semana se nos va a hacer larga, como ayer. En la ciudad apenas se notaba que había partido, salvo en el entorno del estadio, y en las tertulias. En Salzburgo será distinto. A cuentagotas, en la taquilla de Anoeta se despacharon entradas desde primera hora de la mañana.

Parecía un día más, pero a decir verdad hace catorce años que la Real Sociedad no se encontraba viva en febrero en una eliminatoria europea. No era un día más. Había partido, uno distinto a cualquier otro, y había que dejar todo el trabajo hecho para poder llegar a tiempo al estadio. Los bares de la zona de Amara sacaron a la calle sus banderas txuri-urdin y algunas como Txiki, una trabajadora de 'La Venta del Curro', lucieron su camiseta de la Real desde primera hora de la mañana con una sonrisa eterna. Había salido el sol y el personal estaba de mejor humor.

De los aficionados del Salzburgo, poco que contar. Y gracias. Se dejaron ver por las calles del centro, en La Concha y en la Bretxa. Aprovecharon la agradable temperatura para sentarse en las terrazas y saciar su sed con cerveza y refrescos. No hubo que lamentar ningún incidente. Los más de trescientos que siguieron el partido en la grada de Anoeta destinada a las aficiones rivales cantaron, animaron a los suyos, se dejaron notar, pero sin salirse de la raya. Portaban banderolas de color rojo charol. Nada que ver a los aficionados rusos del Zenit que pasaron como un torbellino por San Sebastián y prendieron bengalas dentro del estadio. El buen humor y la cordialidad entre aficiones reinó por encima de rivalidades deportivas.

El ambiente era diferente porque se enfrentaba a un equipo sin mucho nombre por estos lares, pero europeo al fin y al cabo. La afición de la Real Sociedad sentía que en fútbol nada es imposible, que el mal momento del equipo en la Liga iba a quedar en un segundo plano, y que la Real Sociedad iba a ser capaz de dar mucho trabajo a su adversario sin olvidar que todavía queda la vuelta. Esta Real no ha dicho su última palabra. Se deben a los dos mil que viajarán, como mínimo.

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