Adiós a un año difícil en casa

Despedida. Carlos Vela aparece ayer en Zubieta en su último entrenamiento con la Real. Hoy se despedirá de la afición en Anoeta./ARIZMENDI
Despedida. Carlos Vela aparece ayer en Zubieta en su último entrenamiento con la Real. Hoy se despedirá de la afición en Anoeta. / ARIZMENDI

La Real intentará cerrar el año con un triunfo ante el Sevilla en Anoeta en la despedida de Vela como realista

MIGUEL GONZÁLEZSAN SEBASTIÁN.

2017 ha sido un buen año para la Real. En mayo consiguió regresar a Europa por la vía directa, sin necesidad de disputar eliminatorias previas, y ahora lo cierra con la clasificación continental para dieciseisavos de final en el bolsillo. Pero en estos doce meses ha tenido una chinita en el zapato que ha ralentizado el ritmo que traía del 2016: su mal bagaje liguero en Anoeta. Impropio de un conjunto que aspira a codearse con los seis primeros del campeonato y que le está lastrando de una manera considerable.

Todo empezó, curiosamente, contra el mismo rival que esta noche visita el estadio. La Real abrió el año el 4 de enero con un triunfo contundente en Copa frente al Villarreal (3-1) que dejó encarrilada la eliminatoria a falta de acudir al Madrigal. Eran días de vino y rosas, porque en la Liga los de Eusebio eran cuartos con 29 puntos, uno por encima del Atlético, y por detrás solo del Real Madrid (37), Barcelona (34) y Sevilla (33). Después de las exhibiciones que había realizado en casa ante Atlético y Barcelona, más de uno soñaba con entrar en Champions.

Pero la visita del Sevilla el 7 de enero, además de bajar a la Real de las nubes, fue un aviso de lo que sucedería en Anoeta a lo largo del año. Los de Sampaoli golearon sin piedad por 0-4 en una noche mágica de Ben Yedder, que firmó un hat-trick, en la que quedaron a la vista todas las carencias de los blanquiazules. De repente, aquel equipo que se sentía invencible y que venía de encadenar cinco victorias y dos empates en casa, se tambaleó. Le entró una crisis de confianza ante los suyos que todavía hoy no ha superado.

«El Sevilla es un rival muy exigente pero el Levante ya le puso las cosas difíciles el viernes en casa» Llorente

«Queremos hacernos fuertes en casa porque es muy importante para estar arriba en la clasificación» Zurutuza

«No soy consciente de que es mi último partido, pero el momento del adiós será emocionante» Vela

«Si hacemos un partido como el de Bilbao podemos ganar al Sevilla o a cualquiera» Iñigo Martínez

«Podemos hacerlo mucho mejor, pero tampoco podemos rasgarnos las vestiduras» Berizzo

«Tenemos que cambiar de mentalidad y ser más agresivos para que lleguen las victorias» Sarabia

Gracias a su rendimiento fuera, donde ganó nueve partidos -su mejor marca histórica-, logró sujetar el billete europeo, pero en casa nunca recuperó aquel ritmo que traía. No solo en la primera parte del ejercicio 16/17, sino en las temporadas anteriores, donde la mayor parte de sus puntos los firmaba en casa.

A falta del encuentro de hoy, la Real ha jugado en Anoeta 19 partidos de Liga en 2017, en los que se le han escapado seis empates y ha sufrido otras seis derrotas. En total, han volado 30 de 57 puntos, lo que equivale al 53%. Una sangría, porque los rivales tampoco han sido de entidad -solo el Real Madrid ha visitado Donostia de los tres grandes-.

Entre las siete victorias obtenidas, la de más relumbrón, por el rival y el juego desplegado, fue la de agosto contra el Villarreal (3-0), cuando los tantos de Willian José, Prieto y Juanmi dejaron el choque resuelto para el descanso. Las seis restantes fueron más bien pírricas. Tres se produjeron contra rivales que descendieron, como Osasuna (3-2), Sporting (3-1) y Granada (2-1), con más sombras que luces, otra contra un Celta (1-0) que vino con los suplentes, y las dos restantes ante Deportivo (1-0) y Eibar (3-1).

Invertir la dinámica

Esa mala sensación que dejó en la primera mitad del año en casa se ha acrecentado desde septiembre hasta aquí, ya que solo ha sido capaz de ganar un partido de siete. Fue el referido contra el Eibar a principios de noviembre, cuando el cuadro armero atravesaba por un profunda crisis de juego y resultados. Real Madrid (1-3) y Valencia (2-3) ganaron aquí en septiembre, pero dado que comandaban la tabla se entendió como algo razonable. Los empates ante Betis (4-4) y Espanyol (1-1) en octubre acrecentaron la preocupación y los pinchazos recientes ante el Las Palmas (2-2) y Málaga (0-2), los dos últimos de la Liga, han encendido todas las alarmas. Solo con esas dos victorias, la Real sería ahora sexta y estaríamos hablando de otra cosa. Pero no es así.

Ahora mismo, es el cuarto peor local del campeonato, con nueve puntos sumados en ocho partidos, solo por delante de los tres conjuntos que ocupan puestos de descenso: Málaga (8), Las Palmas (7) y Alavés (6). Los 16 tantos que lleva en contra le convierten, además, en el segundo equipo que más goles ha recibido en casa, únicamente superado por el Las Palmas (19).

Así las cosas, hoy tiene la ocasión de compensar a sus aficionados de tanta frustración y cerrar el año con una sonrisa el día de la despedida de Vela. Un partido que es especial por varios motivos.

Primero, porque enfrente está uno de los 16 equipos que siguen vivos en la Champions. Y ganarle supone un reto, sobre todo después del 0-4 de hace un año. Segundo, por el adiós de un jugador como Vela que ha dejado huella en estos seis años y al que hay que despedir con un triunfo. Tercero, porque en este partido debutó hace dos años Eusebio como técnico blanquiazul. La Real estaba entonces con los mismos puntos que el descenso -eso sí que era una crisis- y ganó con autoridad gracias a los tantos de Agirretxe y Oyarzabal. Y cuarto, y más importante, porque un triunfo permitiría acercarse a la zona europea.

Eusebio, que ha dejado fuera de la convocatoria por decisión técnica, a Carlos Martínez, Kevin, Pardo, Guridi y Agirretxe, no prevé realizar grandes cambios en el once respecto al derbi en Bilbao, salvo que alguno de los que entonces fueron titulares no termine de superar las molestias que arrastra. Por eso ha convocado a 19 jugadores, de los que tendrá que dejar a uno en la grada.

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