Real Sociedad

El adiós de Carlos Martínez

El adiós de Carlos Martínez

El sábado toca despedir a dos jugadores que han hecho historia en la Real

Pedro Soroeta
PEDRO SOROETA

El sábado toca despedir a dos jugadores que han hecho historia en la Real. De Xabi Prieto ya está todo dicho. No será fácil encontrarse en un futuro con un jugador como él en la Real Sociedad. Hemos tenido la suerte, en los últimos años, de contar con dos jugadores que han entrado por la puerta grande en la historia del club y han demostrado que el amor a unos colores sigue existiendo. Me refiero al gran Mikel Aranburu y al no menos grande Xabi Prieto.

Pero hoy me quiero referir a Carlos Martínez, que precisamente ha formado una banda derecha de leyenda en nuestra querida Real. Charly también es uno de esos jugadores que lleva ADN blanquiazul. Desde el primer día conquistó a la afición con su garra, su empuje, su tesón... Darlo todo por los colores siempre ha sido lo primero y Carlos Martínez lo ha hecho cada vez que se ha enfundado la camiseta realista.

Reconozco que siento una especial admiración y hasta agradecimiento a esos jugadores que llegaron a la Real Sociedad en el peor momento de su historia y llevaron al equipo, en pocos años, desde Segunda división hasta la Liga de Campeones. Todos ellos vivieron días complicados no solo en lo deportivo. Hubo momentos en los que era más fácil cerrar la puerta de la Real Sociedad y hacer las maletas a otro lado. Pero Carlos Martínez fue uno de los que apostó fuerte por seguir. Apostó por él mismo, pero sobre todo por la Real Sociedad. Y acertó, claro. Y merece un reconocimiento en el momento del adiós.

De Segunda, a la Champions

'El Expreso de Lodosa' es uno de los jugadores que más ha conectado con la afición realista por su forma de jugar. No es un ejemplo de calidad técnica, por ejemplo, pero cuando alguien se deja el alma, y en este caso el cuerpo, por defender el escudo de la Real Sociedad, ya sea en Segunda división o en la mismísima Liga de Campeones, merece el aplauso de todos. Durante muchos años formó una banda derecha que dio muchas alegrías a los aficionados. Su fuerza, su empuje, su insistencia, su no parar nunca arriba y abajo, se complementó a la perfección con el gran Xabi Prieto. ¿Quién no recuerda la melena de Carlos Martínez subiendo una y otra vez la banda? ¿O sus centros con la izquierda con rosca hacia dentro como aquel que sirvió para que Agirretxe marcara el gol de la victoria frente al Barcelona en Anoeta una víspera de San Sebastián?

Pero no solo es eso. Charly siempre ha sido un ejemplo también fuera de los terrenos de juego. Nunca una palabra más alta que la otra. Nunca una queja, un mal gesto. Siempre a disposición del club, del equipo. Jugara o no jugara. Le cambiaran o no le cambiaran. Incluso ahora, cuando le toca el momento de marcharse. Todo buenas palabras y agradecimientos. Y miren que le ha tocado sufrir en el último año y medio. Un ejemplo dentro y fuera. Su afán por defender la camiseta realista fue tan grande que acabó lesionado por jugar sin estar en perfectas condiciones. Si la memoria no me falla cayó lesionado de gravedad en su rodilla en diciembre de 2016 en Granada. Arrastraba molestias. Otro seguramente no lo hubiera hecho. Pero Charly jugó. Y a a partir de aquel día empezó su particular pesadilla que ojalá termine despidiéndose este mes de la Real Sociedad sobre el terreno de juego.

Cita obligada

Por todo ello solo se me ocurre decirle una cosa a Carlos Martínez. Gracias. Muchas gracias. Los que amamos a este equipo siempre estaremos agradecidos por todo lo que diste por el a las duras y a las maduras, siempre dando la cara.

Desde luego que solo por decir adiós a estos dos jugadores, Xabi Prieto y Carlos Martínez, merece la pena acudir el sábado a Anoeta. Solo por eso. Cuenta ganar este partido, no cabe duda, pero las personas son siempre más importantes que el hecho de meter un gol más o menos. Y si la despedida es de dos jugadores ejemplares, que llevan el escudo de la Real Sociedad cosido al pecho, entonces, no hay ninguna excusa para no ir. Es una cita que cualquier realista que se precie no se puede perder. Se van dos grandes. Ojalá sirvan de ejemplo a las futuras generaciones. Hay mucho que aprender de ellos. Mucho.

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